A estas alturas de la vida, para nadie debe ser un secreto que el truco mediante el que podemos presentar noticias mirando a la cámara como si fuese aprendido de memoria, o improvisado de momento, se debe a un viejo artilugio llamado prompter, teleprompter, cue o apuntador.
Se trata de una ayuda visual o sonora colocada discretamente dentro del mismo tiro de cámara de tal manera que el presentador o la presentadora dé la sensación de que le está hablando directamente a ella sin tener un papel escrito como respaldo.
El apuntador óptico se inventó en 1950. Básicamente es un cristal polarizado cuya parte transparente se monta del lado de la lente y el lado reflector se orienta al talento. El cristal debe estar en un ángulo de 45 grados, de tal manera que refleje un texto proyectado en una pantalla que se coloca justo en perpendicular a la lente de la cámara. El texto debe estar dispuesto al revés, como si lo viéramos en un espejo. El talento puede mover el texto con una perilla manual o un pedal para regular la velocidad o detenerlo.
El apuntador auditivo es menos sofisticado. Consiste en colocarse un auricular en la oreja mediante el que se oye el libreto y se repite verbalizando. El texto puede ser leído por un operador humano o por un programa de generación de voz. Si es lo segundo, el talento puede controlar el avance del texto mediante un control manual. El truco está en que el volumen del auricular no sea audible por el micrófono o por la cámara, y que este auricular esté oculto en el cuadro aunque realmente está ahí (si el talento mueve la cabeza innecesariamente, sí se nota).
La discusión que ha surgido en mucha gente que hace televisión, especialmente la periodística, no está en cuál de los dos es mejor (respuesta: ambos), sino en si debe usarse o no. La controversia estriba en saber si el texto leído o recitado ha sido escrito por el propio talento, consensuado con el propio talento o escrito por un tercero.
En las grandes organizaciones de noticias por televisión, en realidad, hay de los tres. Muchos talentos escriben sus propios textos, adecuados a su modo de hablar o fraseo, de tal forma que al leerlo suenen naturales, como si se dijeran de memoria. Pero también hay los que se consensúan en las juntas editoriales o los que prepara un redactor.
Si se trata de un presentador independiente o solitario, como es mi caso al momento de escribir estas líneas, lo ideal es que se trate de un texto que yo mismo escribí. Como es mi caso, repito.
Quienes usamos un prompter, lo hacemos porque muchas veces compartimos datos y no queremos confiar en la imprecisión de nuestras memorias. Entonces, al estar escrito, evitamos caer en errores. en mi caso, me es útil para las cifras.
Además lo usamos para no extendernos en el tiempo: si no tienes un productor que te controle o un reloj delante de ti, la redacción de tu texto ya tiene una extensión determinada en minutos o segundos (nunca en horas, por favor); entonces, puedes decir lo que tienes que decir sin estar corriendo contra ti mismo o misma porque sobra o falta tiempo.
Si ésa es tu situación, creo que es válido usar el prompter. Pero, si es usado para que un tercero te imponga qué decir aunque no estés de acuerdo, entonces sí abrimos una discusión ética: ¿realmente me acomoda ser una cabeza parlante? Ojo que los talentos creados por inteligencia artificial pueden hacer exactamente lo mismo, pero tienen una desventaja: no tienen la última palabra sobre si algo es editorialmente relevante para la audiencia, ni siquiera usando un buen algoritmo.
Lo que no me parece válido en esta discusión es culpar al prompter. Es solo un aparato, o un artilugio. No hace otra cosa que servir a los intereses de cualquier ser humano. Ahora bien, ¿cuáles son esos intereses? Ahí está la madre del cordero. Conversemos.
Una de las mejores ideas en las que pude estar
involucrado este 2019 ha sido la producción de un webcast (transmisión de un
contenido exclusivamente por Internet) al quellamamos, contraviniendo las normas
del branding, como Una buena historia para compartir, o BHC por el acrónimo
que le elegimos, y cuyo concepto es simple: narrar y difundir historias reales
e inspiradoras que nos devuelvan la fe en las buenas noticias.
Parece sencillo escribirlo, pero trece
episodios después sí que ha sido todo un reto, ya que no bastó el entusiasmo de
Francesco Navarrete y Daniella Peña, quienes pasaron a ser mi productor y
productora respectivamente, o el cuidado que le pusimos en la selección de
temas, el manejo de los contenidos y el desarrollo de una técnica complicada a
pesar de su simplicidad: el plano
secuencia, el arte de presentar una pieza audiovisual sin cortes de
edición, incluso trasladando la cámara, y encima –como decidimos complicarlo
con nuestros recursos mínimos—completamente en vivo.
Quienes digan que es como hacer radio, se
equivocan, no porque la radio sea más sencilla de desarrollar, sino porque son
dos lenguajes totalmente diferentes; además, la televisión tiene un componente
crítico que la radio no: la imagen. Pero, siendo justos, incluso la radio posee
como su principal reto estimular la imaginación de la audiencia para crear
imágenes mentales, así que tampoco es que el soporte de solo audio sea pan
comido. Mientras tanto, regresemos al asunto del plano secuencia.
Quien lea esto y no tenga mayor noción sobre
producción de contenidos audiovisuales, o peor aún no tenga noción de cómo
producir contenidos para difusión masiva, podría pensar que se trata de
televisión prehistórica, cuando no existían ni las cintas de una pulgada que
permitieran guardar las imágenes; pero, curiosamente, lo sencillo en las épocas
de los formatos digitales de registro, almacenamiento y distribución es prender
la cámara, hacer lo que se tiene que hacer, cortar, y juntar todo mediante
montaje, especialmente si los errores se han sucedido de manera prolija. Y si
hay defectos, existen los filtros en posproducción.
No es que tampoco gritar ¡acción! o ¡corte! o¡se imprime! sea fácil; lo que digo es
que de pronto, muchos productores están viendo en el montaje un recurso fácil
para realizar contenidos, y no lo es. Si no se plantea la pieza en tres actos
con sus respectivos puntos de inflexión, incluso cuando se trata de realidad no
inventada, entonces no se logrará ese mágico momento de jugar con la tensión de
la audiencia, técnica que heredamos de la Grecia Clásica, y que debe tener unos
3000 años de antigüedad cuando menos.
Lección 1: En vivo quiere
decir en vivo
En televisión en vivo con contenidos previstos,
como la que se hacía en Perú hasta mediados de la década de los 1960, no había
opción de corte. Probablemente algunos ajustes en sonido e iluminación, pero
básicamente poner todo en escena, para comenzar, requiere de tres
características clave: muy buena comunicación dentro de todo el equipo de
trabajo, que el talento a cámara (no solo el presentador) tenga los recursos
suficientes para salir del paso si algo se sale de control, y nunca por nunca
perder la conciencia de que ya no habrá vuelta atrás una vez transmitido el
primer segundo.
Lo primero se resolvió manejando una pauta que
establezca de qué se va a hablar, qué se va a mostrar y en qué momento va a
mostrarse. Parece que estuviera hablando de un guion pero estrictamente no lo
es. Sí, quienes creían que apenas la transmisión comenzaba, Nelson se ponía a
hablar cual lorito lo primero que le viniera a la cabeza, se equivocan; detrás
de cámara, mis productores me estaban marcando ’timing’ o fluidez, temas y
tiempo. Y el documento de trabajo era la pauta que yo escribía.
Lo segundo, aunque no lo crean, fue aplicar
‘casting’ o audiciones. Hay gente que sabe nos propuso temas y personajes pero
nunca fueron considerados en la temporada. La respuesta de por qué no los
incluímos es simple: las historias no estaban adecuadamente impulsadas o no
sonaban consistentes, por lo que era complicado entender cuál sería el gancho
mediante el que podíamos conseguir atrapar a la audiencia. ¿se puede corregir?
Sí, se puede, y más adelante les comentaré cómo.
El caso es que cuando comenzamos a trabajar con
otras personas en cámara, a las que llamamos “los protagonistas” (no “los
invitados” porque, básicamente, íbamos a meternos en sus espacios cotidianos
para transmitir), llegamos a tener sesiones de ensayo, e incluso ensayábamos
antes de salir en línea para estar seguros de que todo el mundo estaba
sincronizado.
Y lo tercero fue definitivamente un ejercicio
de concentración general –repito, no solo de los productores o mía—donde la
instrucción principal era olvídate que
hay una cámara, sigue conversando conmigo y la otra era si algo sale mal, no hay problema, lo
salvamos sobre la marcha. Pero lo que sí puedo decir es que cada webcast
era motivo de conversación semanal para que todo el mundo esté seguro de que
estaba hablando el mismo idioma. Claro que se escaparon detalles, como que la
cámara se movía mucho, o la señal wifi se caía y se comía pedazos de audio o
video, pero en líneas generales, el trabajo fue realmente bueno.
Lección 2: La historia es más importante que la tecnología
Cuando íbamos a transmitir a locaciones,
algunos protagonistas esperaban que apareciésemos con una enorme cámara, cables
por todo sitio, luces, micrófonos, y afuera un carro con enormes platos
lanzando la señal a algún satélite. Lamentamos desilusionarlos, pero todo se
hizo con un celular inteligente enganchado a una señal de internet inalámbrico,
y no hubo más carro que Homero, el escarabajo rojo que nos ha transportado por
la ciudad y alrededores.
Por supuesto que cuando eso llegó a oídos de la
competencia, comenzaron a decirnos que metamos tal equipo o este otro o este
otro, y la verdad es que todas las sugerencias han sido muy buenas, y eso
demuestra que el producto genera interés al punto que hasta tus competidores
quieren que mejore. Pero en esta primera temporada, Francesco y yo queríamos
retarnos a nosotros mismos a sacarle el jugo a las posibilidades que un aparato
tan pequeño como un celular nos permitiera, a hacer cosas que no demandaran
llevar más equipo, y que es el signo de esta era: la convergencia te permite
poner en público cualquier cosa hasta con un dispositivo espía: más que un reto
tecnológico, era un reto técnico.
Entonces, si la tecnología no era nuestro plato
fuerte, ¿dónde asentábamos ambos pies? En la historia, el relato, en el manejo
de los datos, en la lógica de los argumentos, y, por encima de todo, en la
veracidad de lo difundido. Y la prueba de ello es que cada webcast tiene una
versión multimedia, es decir, un contenido en el que la audiencia puede
reproducirlo otra vez y complementarlo con información adicional en texto,
audio y video existente en la red y en fuentes que no necesariamente pertenecen
o son controladas por nuestro producto. En otras palabras, investigación.
Como dije arriba sobre los datos, lo siguiente
era dosificarlos de tal manera que el interés vaya creciendo en la audiencia, y
aquí vino otro reto. Usualmente todo el mundo se está acostumbrando a que en
dos, excepcionalmente, cinco, minutos, se les cuente algo. En BHC, nos hemos
dado el empacho de tomarnos hasta 29 minutos con 30 segundos para hacerlo y sin
cortes (recuérdenlo), y la razón es bien simple: la narración se hacía tan
buena a la hora de ponerla en escena que básicamente la dejábamos fluir. Mucho
del mérito lo tienen los y las protagonistas, y no es que hayamos descubierto
la pólvora.
La talentosísima artista mexicana Verónica
Castro contó una vez que una entrevista con el finado Juan Gabriel programada
para dos horas (música incluída) se fue de largo por cinco debido a que el
invitado ameritaba extenderse. Lo chistoso es que no me inspiré tanto en la
“chaparrita”; mas bien, mi referente, como se lo he contado a muchas personas, es
la cubana Cristina Saralegui. Y de hecho, pensando en ella, hemos conversado
sobre la posibilidad de migrar a un formato con público en vivo, pero veremos
aún, ya que todo está sujeto a financiamiento.
Lección 3: La confianza en la propia historia
Otro reto de este primer paquete de webcasts
ocurrió a partir del episodio 8, cuando dejamos los monólogos e incorporamos la
participación de los y las protagonistas. En realidad, la idea de meter más
gente a cámara comenzó desde el episodio 3 cuando compartí la conducción y
tuvimos a nuestro primer protagonista; pero, diversos factores, entre ellos la
disponibilidad de la otra persona hicieron que lo pospusiésemos por cuatro
webcasts más.
¿Pero qué personas estarían dispuestas a
compartirnos sus historias? Durante la primera mitad de la segunda etapa, nos
dimos al trabajo de buscarlas y convencerlas de que su experiencia, a parte de
ser inspiradora, tenía que contarse a cámara no como una entrevista sino mas
bien como una conversación natural entre viejos conocidos. Lograrlo fue tan
complicado como ir construyendo confianza en el formato, en la manera cómo
íbamos a tratar los contenidos y en mí mismo.
Y en este sentido, los webcasts que funcionaron
mejor en términos de reacción positiva del público fueron los protagonizados por
mujeres. No hay mucha ciencia para explicar por qué: las mujeres valoran mejor
sus historias de vida que los varones, y cuando las cuentan, las actualizan de
tal manera que la audiencia conecta con una facilidad intstantánea. Bien por
esos webcasts. Queda como reto, si lanzamos una segunda temporada, alternar un
webcast con un protagonista y otro con una protagonista, como nos impusimos
inicialmente.
En la segunda mitad de la segunda etapa, la
cosa fue relativamente sencilla: la gente vio en video lo que estábamos
haciendo, confió en la calidad del formato y comenzaron a aparecer entre
quienes invitamos a aparecer en cámara y quienes pidieron aparecer en ella.
Ahora bien, ¿cuál es el poder de compartir una buena historia? Lo primero es
que revaloras tu vivencia no importa de qué tipo sea; segundo, la lección que
tu aprendiste es un aprendizaje que va a serle útil a alguien más; tercero,
contribuyes a cambiar la actitud de las personas virando a una visión más
positiva de la vida y de sí mismas. En resumen, construímos cultura de paz
usando un medio de comunicación masiva.
Lección 4: El planeta quiere conocerte
Sin duda que el acierto del formato fue cuando
incluímos a un o una protagonista en cámara en el sentido del impacto sobre la
gente que vio cada episodio. Y aquí viene lo mágico: no solo llegamos a
internautas en el ámbito de Sullana; logramos trascender a él y expandirnos tan
al norte como Canadá y los Estados Unidos, tan al ssur como Chile y Argentina,
tan alrededor como europa Occidental y hasta Japón. Doquiera que hubiese un
hispanohablante nativo o adoptado, el contenido funciona perfectamente igual.
Y, como procuramos que el estilo sea inactual, si lo reproduces ahora mismo,
está tan vigente como el día en que se transmitió.
Entonces, cuando alguien participa del proyecto
BHC debe considerar que no solo le está hablando a sus amigos que conoce cara a
cara o que conoce mediante Facebook, sino que está en condiciones de generar el
espíritu de comunidad con miles alrededor del mundo. La cosa es dar la cara.
Por eso, el eslogan del programa es “el planeta quiere conocerte”.
El reto en este sentido es ir saliendo de
Sullana y explorar otras localidades. Llegamos a hacer un webcast en Piura, y
nos quedaron otros tantos por lanzar; pero también aparecieron buenas historias
en Chulucanas, Ayabaca, Catacaos, Paita o Huancabamba. No hemos podido
cubrirlos por un tema logístico (se busca patrocinador, por si acaso), pero sí
nos encantaría llegar a ponerles en pantalla.
Otras actividades que se nos han ocurrido en
torno al formato, y desde ya las voy anunciando, son experiencias vivenciales
en vivo mediante las que te enseñemos a identificar tu buena historia y cómo
usar nuestra plataforma o tus propias plataformas para irlas compartiendo no
solo con tus patas o panas sino con todo el mundo. Así que si te interesa tener
la tuya propia allí donde estés, ingresa a https://facebook.com/BHCoficial y
nos dejas un mensajito, además que podrás ver todos los episodios en sus tres
versiones.
Y cierro este año con el remate del programa, y
que debería ser una suerte de mantra para 2020 y los años por venir: yo tengo
una buena historia para compartir… ¿Y tú? ¡El planeta quiere conocerte!
A lo largo de esta entrada podrás reproducir los webcasts con mejor
desempeño ante el público. No olvides dejarme tus comentarios en mi cuenta de
Facebook, Twitter, en mi canal de YouTube o aquí abajo.
El viernes 28 de junio se lanzó el segundo episodio de la serie documental #EstoEsTambogrande que coprodujimos Freysi Bereche, Freddy Juárez y yo, de manera independiente, pero con un propósito bien concreto: explorar y promover los potenciales del turismo rural en el distrito de Tambogrande, Piura. Ésto significa desplazarnos hasta los sitios destacados para grabar cada episodio, y, aunque parezca divertido -de hecho lo es-, la parte tediosa sucede antes de prender la cámara: planificar cada episodio.
Primero, mira el producto terminado, y a partir de él, te iré contando el detrás-de-cámara:
Lo primero que demanda producir un programa como éste es la investigación de campo, que es el paso previo. Al menos en nuestra metodología de trabajo, no es que vamos al lugar y captamos lo primero que aparezca. Si vas a la aventura y tienes mucho tiempo y presupuesto, quizás pueda funcionar, o si es que sabes qué vas a grabar pero no sabes qué va a suceder, como me ha pasado cuando participé como equipo de producción de largometrajes documentales basados en hechos históricos, donde no puedes prever qué sucederá, puede que funcione. Pero, si estás yendo a grabar historias inactuales, como las de este episodio, tu investigación inicial te dará dos datos clave: qué grabar y cuánto tiempo te demorarás haciéndolo.
En nuestro caso, todo el episodio nos lo grabamos en un lapso de seis horas, incluyendo desplazamientos, sobre la investigación de campo que ya tenía Freddy Juárez, el productor ejecutivo del programa. Lo siguiente que hizo fue conversar conmigo sobre qué historia se tenía que contar, y ahí comenzó mi trabajo: establecer una pauta de grabación o 'escaleta', y a partir de ella, construir un guion, que es la planificación de qué vamos a ver y qué vamos a oír durante la reproducción o representación del producto.
Me encanta escribir guiones. De hecho, suelo practicar en mis ratos libres solo para estar en forma a la hora de plantear uno que sí va a salir al aire. Creo mucho en el poder de la gimnasia no solo a nivel físico sino mental, así que yo recomiendo usar tus ratos libres para entrenarte sobre cómo escribir un guion. Y escribirlo parte de una línea argumental (cuál es mi enfoque), una sinopsis (cuáles son la historia y el conflicto centrales) y un argumento (cómo puedes contarme la historia en la menor cantidad de espacio posible).
el resto es ir planteando escena por escena cómo se debe comportar todo el mundo: el escenario, la luz, el movimiento de la cámara, la coreografía del talento a cuadro, la sonoplastía, incluso las transiciones entre escenas. Salvo que exista un acuerdo demasiado rígido, algo que por consenso muchos autores no recomiendan, cuando construyas un guion trata de ser lo más flexible que te sea posible. Puede que tengas la película completa en tu cabeza, pero -como suele pasarnos- puede que en la realidad no exista todo lo que pensaste, entonces hay que adaptarse a las circunstancias. Ahora, insisto, si tienes todo el dinero y todo el tiempo del mundo para controlar hasta el mínimo detalle, adelante. Sigamos.
En este episodio inicialmente planteé nueve escenas, incluyendo un 'teaser' o 'gancho' inicial, una 'intro' y la historia propiamente dicha contada en los tres actos clásicos: un planteamiento, un enredo y un desenlace. Todo lo audiovisual se plantea así porque de esa forma capturas el interés de tu audiencia. No hay mucho secreto ahí.
Ahora bien, otra ventaja del guion es que te permite conservar un orden lógico. Una cosa viene detrás de la otra, y en muchos casos obedece a la vieja premisa del causa-efecto. Esta técnica es útil especialmente si tienes que escribir obras muy largas, donde perderse es muy sencillo. El orden del guion también permite que, cuando planifiques tu grabación, no lo hagas necesariamente de manera cronológica.
De hecho, si bien el primer episodio de #EstoEsTambogrande fue grabado en el mismo orden como fue editado, y aquí te lo recuerdo por si no lo hayas visto, el segundo episodio no siguió esa secuencia en campo. en efecto, la entrevista que aparece antes de la escena de despedida fue lo primero que grabamos al llegar a la locación (Miraflores Alto), y solo el desayuno, la secuencia con la señora que fabrica el queso y el señor que movía el guano sí siguieron el orden cronológico. Perdón, lo olvido casi, mucho antes que todas esas tomas, lo primero que se grabó fue la explicación de Gerardo Arellano, que en la edición aparece desde la mitad. Mis presentaciones a cámara sirviendo como elemento de transición las grabamos todas en el mismo lugar pero variando el tiro, y la escena de despedida sí fue realmente grabada al final de todo.
¿Cómo fue que se ordenó todo? Ahí entran las manos y la paciencia benditas de Freysi Bereche, quien, además de ser el videógrafo (y el autor de las fotografías que ves en esta entrada), fue el editor. Sentado con Freddy, se tomaron el trabajo de ubicar cada 'clip' de video, ponerlo en el programa de montaje, agregar música, títulos y efectos, homologar ('renderizar') los archivos y subirlo a YouTube, que es la plataforma que utilizamos para distribuir el producto al mundo. Bueno, y el resto lo haces tú que lo reproduces. Aquí está de nuevo el producto terminado.
Lo
que nadie te dijo sobre cambiar al mundo, y no sabías donde encontrarlo.
Han
pasado casi 21 años desde la primera publicación en línea de FACTORTIERRA, que
entonces se llamaba FactorTierra, y varios procesos no sólo hemos visto pasar, sino
que hemos contado para ti. Al margen de cómo aquellos hechos fueron cambiando,
¿cuál es la lección que encierran todos? ¿Depende de las circunstancias, los
espacios o las personas? ¿Las cosas pasan porque pasan, o porque alguien hace
que pasen? ¿Hay un método que garantice que pasen con éxito?
Sobre
estas cuestiones, comencé la tarea de extraer las lecciones recurrentes de cada
una de las historias que hemos publicado, y aún de las que he conocido y
cubierto en tres décadas de trabajo en medios de comunicación. El resultado es ¡Yo tengo la magia!, un LIBRO que no pretende ser un
manual sobre cómo tener éxito cambiando al mundo, pero te dice qué claves debes
tener en cuenta si pretendes hacerlo.
Además
de todo el rollo teórico, por así decirlo, te presento casos prácticos donde se
comprueba que el modelo que extraje funciona, hasta experiencias
personales en las que también tuve que
aplicar esos aprendizajes. El proyecto incluye una conferencia
titulada Cambia tu historia
(en 4 pasos), que
fue estrenada el 22 de marzo de 2013, en Chiclayo, Lambayeque. Mi sueño
es publicarlo incluso en otros idiomas”.
Una de las personas sobre las que siempre me agrada escribir es el artista plástico Dandy Vílmer Ruíz Estrada (Mallaritos, Perú, 4/03/1982) porque cada vez que lo asumo como tema, me sorprende con algo nuevo. Este egresado de la Escuela de Bellas Artes Ignacio Merino de Piura no le ha tenido miedo a la innovación, o parece haber ido perdiéndolo conforme va madurando.
A El Dandy lo conocí en 2008 mientras me involucraba en un proyecto de emprendimiento cultural con algunos grupos juveniles aquí, en Sullana. Su apertura de mente, su hambre por aprender, su conocimiento cultural por encima del promedio y un fuerte autoestima parecieron ser la combinación perfecta para su proceso de reinvención artística y personal.
Con un conocimiento básico en computación, aceptó mi reto para entender cómo funcionan los aplicativos de edición gráfica. Me decía que su problema constante era que no hallaba mercado para su arte basado en un surrealismo de alta y elegante sensualidad, uno de sus acentos artísticos que me parece su principal ventaja competitiva; entonces, se pasó varios días acá, sentado frente a mi computadora, intentando encontrar en el puntero y la pantalla lo que el lápiz, la regla y el pincel le permitían conseguir en un lienzo real. Lo fue consiguiendo gradualmente, e incluso fue usándose a sí mismo como modelo para experimentar una forma de seguir haciendo arte pero en otro soporte, las redes sociales, que comenzó a utilizarlas como herramienta de promoción.
Con el acceso a un celular inteligente, comenzó a utilizar los conocimientos aprendidos aquí para bajarse aplicativos de edición gráfica, y poco a poco fue incursionando en el video, que también comenzó a utilizar en su celular. Adquirió su laptop, y también comenzó a usarla en el mismo sentido. Y lo interesante es que no abandonó los soportes básicos: el papel, el lienzo y hasta los muros. Reactivó su blog durante un tiempo y fue forjando su propia marca artística y comercial, el Dandy, al que agregó un eslogan: "para el Perú y para el mundo".
Cuando parecía que ése sería el límite, El Dandy o Dandy, como lo llamo familiarmente, decidió llevar la descripción de sus obras del texto para ser leído al texto para ser hablado. Poco a poco fue introduciendo una voz a sus videos, la suya, y le agregó otro talento: la locución. En resumen, El Dandy no solo pinta o dibuja, edita sus propios materiales para difusión, los narra, y encima los instala en el ciberespacio para hacerles promoción. Y éso que no incluyo su afición por el atletismo, que le viene de la flexibilidad que le dio otro tipo de arte, la danza.
Y cuando creíamos que éso bastaba, en su video más reciente nos sorprende gratamente experimentando con una nueva faceta, la de presentador (del proceso de sus propios trabajos), que a mí me parece debería seguir explotando y proyectándose hacia un programa fijo que se distribuya por las plataformas de 'streaming' como YouTube (cosa que también estoy haciendo yo) con la finalidad de acceder al nuevo y desafiante mercado de la televisión en demanda, la era donde las grandes corporaciones están dando pasos seguros y rentables.
A más de una década de conocerlo, me da gusto apreciar toda esa evolución y que ésta se comparta con el mundo. Si mantiene esa línea, le auguro mucho éxito en su campo, y ojalá nos sorprenda con un nuevo proyecto, a lo mejor incursionando en la realidad aumentada, en la que también ha comenzado a mostrar interés hace varios años. Veremos qué nos depara el tiempo. Y, por cierto, me debe una "expocharla" para el show que estoy presentando.
De tocar
lo ajeno a lo propio, y del presencial a la plataforma virtual.
El rock es una
corriente musical que nació de un mestizaje cultural tanto en los Estados
Unidos como en el Reino Unido.
Ritmos tan dispares como el blues, el jazz o el country
fueron los ingredientes que a mitad del siglo XX se usaron para dar vida al rock
& roll, y a partir de él, una década después, ir configurando al rock
como un movimiento cultural que se globalizó, incluso antes de la primera
transmisión de Arpanet, el antecesor de Internet, allá por 1969.
La
movida habría llegado a Piura en 1967, aunque inicialmente solo se tocaba covers.
Lo que se vivió no fue una brisa sino un ventarrón: “Aparecieron mas de 80
bandas”, me cuenta Juan Francisco
Facundo Silva (43), uno de los pocos difusores del género al menos en las
dos urbes más grandes del departamento.
“Te
hablo de los años 60 y 70 como Scarface, Los Delfines, Los Jailers, Los Stones”,
recuerda citando una investigación de Miguel Almeida, quien logró sistematizar
los inicios del movimiento en Piura en un texto con más de 30 páginas, por si
alguien desee profundizar.
Del cover
al streaming
Cuando
terminaron los convulsos 1980, las bandas piuranas de rock dejaron de tocar
temas prestados y se dedicaron a crear los suyos: “Ahora en los ‘90 sí hay
registro, por ejemplo, bandas que hicieron música propia como Libre y Diáfano, y mucho después
ya vinieron los 2000 con bandas como los shokekoks, 1900, que aún están
luchando, y habían más”, prosigue Facundo.
Para
entonces casi cada capital provincial tenía al menos una formación dedicada al
rock, como Los sepultureros, en ciudad de
Ayabaca, que comenzó a tocar circa 1995. También comenzó la
ramificación en subgéneros con influencias tan diversas como el ska o el
punk. El verbo poguear (bailar colectivamente empujándose en tono
amistoso) comenzaba a ser parte del léxico juvenil piurano.
Desde
2010 en adelante, hay nuevas bandas y nuevos retos de competir en un mundo que
parece abandonar poco a poco los soportes clásicos como el vinilo
(aunque se resiste a morir), el cassette compacto (que ya había
desaparecido casi del todo), el disco compacto (que sobrevive con
esfuerzo) y se entrega a la difusión en la nube virtual mediante el streaming,
migración acelerada tras la pandemia
de la Covid-19, que obligó a cerrar los espacios públicos por un año
entero.
El
propio Facundo tuvo que transitar de difundir mediante la radio FM hasta crear
su propio espacio en Facebook, Facundo
Rock, que dedica largas emisiones a presentar temas, grupos y analizar la
escena del rock con interacciones dentro y fuera del Perú, incluso. Algunos
usuarios lo siguen desde sitios tan distantes como Australia.
Movimiento
autogestionario
“Ahora
en la actualidad el problema es que no
hay apoyo de gobiernos regionales”, critica el presentador. “Hay espacios que
están cerrados como el Teatro Municipal de Piura, el teatro manuel vegas
castillo; también la Concha Acústica [del parque infantil Miguel Cortés]que
requiere una reparación para presentaciones culturales y deportivas”.
A 55
años de que la primera banda de rock tocara en Piura, incluso las capitales
distritales tienen teatros o salas construidas especialmente para espectáculos;
es decir, hay mucha oferta y la demanda parece no haber decaído, a pesar que el
género urbano parece haber ahogado al rock a escala mundial.
“Mayormente
los que se dedican a hacer eventos o tocadas, como las llamamos, son la
gente independiente que le gusta el Rock; también las mismas bandas se
autogestionan pero son pocas”, explica Facundo.
El
modelo de financiamiento independiente con locales privados se basa en que el
dueño gana por venta de alimentos y bebidas y el organizador gana por la venta
de entradas. Si el espectáculo se hace gratis y a espacio abierto, como lo hizo
Facundo el 15 de octubre en Sullana (para celebrar el segundo aniversario de
Facundo Rock), el apoyo público básicamente consiste en autorizar el uso del
recinto (en este caso fue el anfiteatro del centro de Convenciones). El resto
se consigue mediante patrocinios.
Lo que
sí está claro es que en este medio siglo de rock en Piura, los adolescentes y
jóvenes de aquellas épocas son los abuelos de esta generación, y muy a pesar de
la evolución
cultural y tecnológica, han permitido que la semilla siga creciendo y dando
frutos.
El
desafío para el rock piurano es entender que, sin renunciar a ser un escenario
local relativamente marcado, tiene ahora mejores posibilidades que hace 55 años
para hacerse global. Talento hay.
Veamos cuánto es capaz de fulgurar.
A inicios de 2013, el cantautor Javier Jofré estaba bajo mucha presión: Reconnected, su álbum, estaba en plena
fragua, y trataba de no estresarse. “Quizás uno ttenga un ojo más cerca de lo
sano, se haga mucho más consciente de las cosas, del medio ambiente, de lo que
genera uno en su día a día. Este disco tiene un poco de eso”, reflexionaba.
A esta fecha, Javier tiene 35 años, 183
centímetros de estatura y 75 kilos de peso; es aficionado al fútbol, el
basquet, el carting y los deportes de aventura. “Es de rutina comer almendras,
nueces, pasas de uva, cereales, tomar mucha agua. Eliminé muchos jugos
saborizados que antes tomaba. Después siempre voy al gimnasio y entreno con mi
rutina diaria”, me contó.
Así como su salud física y mental, Javier cuida
la coherencia de armonía y mensaje, aunque eso le ha costado la censura. A fines de 2012, YouTube cortó el acceso al
clip de su canción This Is Not, por
aparente violación de las políticas del sitio. El tema critica los excesos de
la humanidad y su culto al consumismo.
Mirando la red, Javier creía que algunas de sus
canciones podrían escenificarse en locaciones del Valle del Chira. El detalle
es que él vive en argentina. Mientras lo escucho, en la ciudad
de Sullana, la más importante bañada por el segundo río
más contaminado del Perú –según Oxfam—, mucha gente ignora si es
parte de la estadística sobre condiciones de salud física y mental no
transmisibles a nivel provincial, o más aún si existe tal estadística.
Por lo menos la salud mental sí está mencionada
en el Proyecto Educativo Local, y hasta antes de que se agravara la pandemia de
la Covid-19, los intentos de suicidio y los que llegaron a concretarse estarían
conectados a casos de acoso escolar y bullying
a juzgar por los testimonios de familiares y quienes sobrevivieron para
contarlo. Durante la era pre pandemia, ciertos y ciertas docentes se quejaron
de que, aunque quieran corregir el problema, están con las manos atadas “porque
ahora no se puede tocar al alumno”.
Algunos estudiantes de últimos años de
secundaria, que dijeron ser víctimas de bullying
en un trabajo de consejería experimental, desarrollado en 2010 por FACTORTIERRA,, contaron que el acoso se
concreta y macera porque algunos docentes son parte del problema: la
intolerancia a la homosexualidad. “Pero yo no soy gay”, me confesó uno de los
chicos, entonces de 16 años. “Lo que pasa es que, como te ven bien educado y
tranquilo, piensan que eres maricón”.
Luego estudió Historia y Gestión Cultural en
una universidad de la ciudad de Piura. A diferencia de otros jóvenes de su
edad, no consume alcohol, no fuma, no practica ningún deporte y casi no fue a
discotecas. Las más concurridas de la ciudad de Sullana eran las de la cuadra
18 de la avenida José de Lama, en santa Rosa, el punto de encuentro juvenil
todos los fines de semana.
Debido a una ordenanza que obliga a que la
juerga acabe a las tres de la mañana, quienes querían ‘seguirla’, compraban
alcohol, y abarrotaban el parque de la primera etapa de la Urbanización López
Albújar.
Ésta es la ‘sucesora’ del Parque Elba Cruz
(antes Kumamoto), en la Urbanización Jardín, donde el vecindario hizo todo lo
posible para ahuyentar a juergueros que amanecían bebiendo alcohol, escuchando
música a todo volumen, y teniendo sexo en la penumbra de las jardineras. Mucha
de la música que escuchan viene de Puerto Rico, un estado libre asociado de Estados
Unidos, donde la versión 2012 del Manual de salud Mental
especifica que embriagarse, aunque sea ocasionalmente, puede calificar como alcoholismo.
Aún había jóvenes que iban a matar la madrugada
en el Parque elba Cruz, pero en menor cantidad. Una camioneta de Serenazgo de
la Municipalidad
Provincial de Sullana (MPS) intentaba decomisar
algunas cervezas a un grupo de universitarios, aunque a sólo metros, evidentes
colegiales hacían lo mismo, pero no se les tocaba.
Cien metros más arriba, está la plataforma
deportiva, una de las más concurridas del área metropolitana de Sullana. Durante
la era pre pandemia, se usaba para atronar al vecindario con fiestas al aire
libre. Es una en un centenar a lo largo de la ciudad. La juventud –convengamos
en la población de 15 a 35 años de edad—usaba estos espacios para divertirse,
y, en principio, socializar.
No es la única infraestructura deportiva del
área metropolitana. El escenario emblemático es el Estadio Campeones del 36, inconcluso
por mucho tiempo tras una controversia legal durante la administración del ex
alcalde Jaime bardales, y a la fecha convertido en un hospital de campaña para
pacientes moderados y graves por la Covid-19. Al interior de la provincia, el
estado de esta infraestructura es mixta, según el periodista deportivo Joe
Navarro, presentador del programa Frecuencia Deportiva, de Radio Nuevo Norte 860 AM.
“El estadio de Lancones ya tiene cerco
perimétrico, el de Querecotillo no tiene avances, Salitral es uno de los que
menos está apoyando al deporte, Marcavelica está construyendo una tribuna para
800 aficionados, con ( drenes pluviales), Ignacio Escudero está elaborando un
proyecto integral para mejorar paulatinamente el estadio Pablo Cruz Carrera, y
Miguel Checa es uno de los mejores escenarios deportivos”, repasaba en 2013.
Paradójicamente, Miguel Checa, justo al oeste de Sullana, es el distrito con menor presupuesto disponible pero que se dio el lujo de ser el
hogar del Atlético Torino de Talara, durante la Copa Perú 2012, porque sus
instalaciones eran las de mejor estado en toda la provincia. Para Navarro, el
área metropolitana tiene una mala calificación. De hecho, en vez de correr en
el Campeones del 36, muchos y muchas atletas prefieren entrenar en el malecón
Huamán de los Heros, teniendo como fondo al contaminado embalse del Chira.
El 6 de febrero de 2013, la MPS anunció que
recuperaría ese espacio y el adyacente Paseo Turicarami, donde se proyecta
construir un anfiteatro y hasta un gimnasio al aire libre. Y como el deporte no
lo practican las instalaciones, sino las personas, pedí a Joe que me dé una
lista de los y las deportistas sobresalientes de la provincia. El ejercicio que
le propuse es descartar el fútbol, ya que, como él mismo dice, tiene mucha
inversión, y, por ende, promoción.
Joe se quedó varios segundos en silencio y no
me dio una respuesta. Buscando en los archivos, encuentro que dos niños de
primaria marcaron una diferencia en ajedrez. José Antonio Díaz Mosscol y Dennis
Daniel Sánchez Herrera, estudiantes del Colegio del Norte, fueron considerados
para la selección departamental de Piura del llamado ‘deporte ciencia’.
Uno de los compañeros de Joe, el comunicador
social James Ojeda, se ha convertido, sin quererlo, en propulsor del ciclismo.
Entre 1999 y 2019, con el apoyo de Nuevo Norte, lanzó Porlas Rutas de la
Integración, una caravana que buscaba unir a Perú y Ecuador como homenaje
al Acuerdo de Paz de 1998.
Entonces, intenté algo nuevo con Joe. Si lo que
más ha proliferado en Sullana son los gimnasios, ¿por qué no tenemos más
deportistas?: “A un deportista aaficionado le resulta costoso ir a un gimnasio:
no lo puede pagar”, aseveraba. “Jamás vas a encontrar un verdadero deportista
ahí”. Estos establecimientos se han multiplicado en el área metropolitana. Sólo
en Sullana Centro, hasta hace veinte años, el único era el Hércules; al cierre
de este informe, FACTORTIERRA pudo contar cinco notables.
El Hércules
fue un proyecto iniciado por Félix Merino Luna, en la tercera cuadra de
la avenida José de Lama,a inicios de la década de 1980. Debido a su éxito,
llamó a su primo Luis “Lucho” Bulnes Luna, y comenzaron una travesía de promoción
de la cultura física y el fisicoculturismo, que el segundo continuó.
Lucho, tras haber sido uno de los primeros en
presentarse a concursos (en 1982, cuando la disciplina era vista con asombro),
es ahora entrenador a destajo. En 2011,
cuando Sullana cumplió cien años de vida provincial,se le reconoció ser el
entrenador de entrenadores: tras separarse de su primo, Lucho se mudó a la
calle Piura, luego a la Calle Uno, y finalmente a la Urbanización salaverry.
Allí, en 2002, un joven de 20 años ingresó como
su alumno, y gracias a su entrenamiento de comando del ejército, llegó a ser
uno de los más notables del Lucho’s Gym:
Alfredo Rivera, quien quedó cuarto en el Mister Sullana 2011, cuando Lucho fue
reconocido, y se enfocó en la etapa departamental. “Necesito auspicios. No he
encontrado apoyo aún”, me contaba el que también llegó a ser entrenador. No lo
consiguió. Hoy vive y entrena en la selva del departamento de Cusco.
FACTORTIERRA contactó a otros entrenadores y
deportistas, pero las citas no se concretaron, o resultó que nadie conocía a
nadie.
Aunque también es aficionado a las pesas y las
barras, al pintor Fernando Chang (40) le frustraron su carrera como futbolista
cuando apenas tenía seis años de edad: “Me dijeron que no sacaría nada de
patear una pelota”. Aún así, se daba tiempo para jugar una vez por semana,
excepcionalmente dos, y entrenar en el gimnasio, o en su casa: “eso me
desestresa”.
Cuando llegó el momento de elegir una carrera,
estaba en Trujillo, La Libertad, e ingresó a la escuela de Bellas Artes para
desarrollar su otro talento: el dibujo y la pintura. Impulsa una propuesta más
diversa, que no se centra en una corriente en particular, sino que trata de
expresar lo que piensa que la gente prefiere ignorar. “Fusiono lo clásico con
lo abstracto. (…)Estoy trabajando el tema marginal. Mis modelos son gente que
está en la calle, lavando carros, pidiendo limosna. Trabajo el concepto de
paternidad responsable.”, explica.
Chang tiene dos hitos clave en su carrera:
exponer en Europa, y ser uno de los promotores de la primera y única galería de
arte privada y permanente de Sullana: el lobby del colegio Santa Rosa, del que es exalumno. “Le propuse [al hermano director Félix saeta
y Gutiérrez] crear una galería de arte. Él sólo me dijo: ‘hagámosla’”,
recuerda.
Ha enseñado dibujo y pintura a niños y niñas,
pero no es eso contra lo que tiene que lidiar. En el arte, también hay
prejuicio y rechazo… de otros colegas: “Mucha gente cree que los nuevos no
hacemos arte porque no seguimos la tendencia”. El pintor cree que es un problema
de ideosincrasia, y me contaba que en Trujillo, los llamados artistas
consagrados terminan siendo mentores de los nuevos, una práctica poco difundida
en Piura.
Además, ,dice que en esa ciudad hay auspicio
del sector privado; sin embargo, siente que hay “una evolución cultural” en Sullana,
y mal que bien, se debió en parte al apoyo del ex alcalde provincial Jorge
Camino Calle (coleccionista, a hurtadillas, de obras de arte). Chang es parte
de una comunidad de casi un centenar de artistas plásticos en el área
metropolitana que, a pesar de su necesidad de hacerse conocer y exponer para
sostenerse, están separados.
en el caso de una dispersa y anónima comunidad de deportistas, las
ligas –excepto la de fútbol— no funcionan, observaba Joe Navarro, debido a
problemas dirigenciales. Para su compañero James Ojeda, el problema es la
ausencia de fomento: “Cuando vas a tocar las puertas como deportista, no te dan
apoyo, o es mínimo… Tocas puertas y te
desanimas”.
Mientras se ignore estadísticamente cómo está
la salud mental y física de las personas, las intervenciones en el terreno
serán puramente inconsistentes y declarativas, pues no habrá nada concreto en
qué apoyarse. Los medios no se hacen eco de esta realidad, aunque para
expresarse con justicia, la fallecida cantante sullanera Michelly Portocarrero
logró captar la audiencia nacional imitando a una colega famosa por sus
escándalos más que por su gran registro vocal.
Casi nadie recuerda que Lucy watanabe o Eva
Ayllón lanzaron sus carreras en Sullana, cuando el
Festival de la Canción de la Feria de Reyes era respetado, hace cuatro décadas.
En medio de ese cuadro, la música de Javier Jofré ya se escucha en Piura (y en
particular en Tambogrande. ¿Su llamada de atención contra la indiferencia al
entorno y al propio ser podrá germinar en Sullana?