En Piura, la crisis
de sequía se ha intensificado al punto de declarar un Estado
de Emergencia en numerosos distritos. El decreto supremo emitido el 30 de
octubre de 2024 representa una respuesta contundente, involucrando a diversos
ministerios y al Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) en un plan de
acción coordinado. Esta estrategia busca la rehabilitación de áreas y la
distribución efectiva de recursos esenciales, como el agua, con un plazo de
ejecución de 60 días.
Sin embargo, la clave para
asegurar el éxito de estas medidas reside en la vigilancia
ciudadana, un aspecto vital que permite a los piuranos no solo monitorear
el cumplimiento de las acciones, sino también garantizar que la ayuda llegue a
las comunidades más necesitadas. La participación activa de la población,
supervisando la distribución de recursos y las tareas de los ministerios
involucrados, se convierte en un mecanismo de control social que refuerza la
transparencia y la eficacia de la respuesta gubernamental.
Este llamado a la acción
colectiva no solo empodera a la sociedad, sino que fomenta un entorno de
colaboración donde la ciudadanía, al ser vigilante, contribuye al bien común y
a la protección de sus derechos y recursos. La experiencia demuestra que, cuando
las comunidades participan y exigen cuentas claras, la respuesta ante
situaciones de emergencia mejora significativamente.
Piura enfrenta un desafío
climático sin precedentes, y la resiliencia de sus habitantes es más necesaria
que nunca. La invitación es a que todos sumen esfuerzos para ser parte de la
solución, promoviendo un futuro en el que cada intervención gubernamental
cumpla con su propósito y beneficie verdaderamente a quienes más lo necesitan.
La vigilancia ciudadana es
la herramienta que asegura que las medidas tomadas durante el Estado de
Emergencia no queden solo en el papel, sino que se traduzcan en acciones
concretas que ayuden a superar la crisis de sequía en Piura.
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La semana ha estado
marcada por temas controversiales y de gran impacto para la sociedad peruana,
entre ellos, la crisis hídrica en Piura, la responsabilidad de los migrantes en
la criminalidad y la oportunidad de expansión del arte y turismo local hacia
mercados globales. Estos temas reflejan la diversidad de desafíos y
oportunidades que enfrenta el país, y destacan la importancia de la gestión
adecuada y la toma de decisiones informadas.
En Piura, el reservorio
Poechos enfrenta una crisis de gestión debido a la falta de monitoreo efectivo.
Este embalse, el más grande del Perú y vital para la agricultura y el
abastecimiento de agua de la región, se encuentra en una situación crítica que
ha sido agravada por errores en la medición de sus reservas.
La discrepancia entre el
volumen registrado oficialmente y la realidad descubierta mediante batimetría
es alarmante, y demuestra una falta de previsión que afecta directamente a los
agricultores y, por ende, a la economía local. Para evitar futuras crisis, se
necesita una gestión transparente y colaborativa, con monitoreos frecuentes y
políticas claras de distribución del agua, especialmente en tiempos de escasez.
Paralelamente, en el
ámbito de la seguridad ciudadana, la narrativa de culpar a los migrantes por el
aumento de la criminalidad ha cobrado fuerza en el discurso de la presidenta
Dina Boluarte.
Aunque este enfoque parece
ofrecer una solución rápida, la realidad estadística muestra que la mayoría de
los delitos en el país son cometidos por peruanos. El uso de términos como
"extranjeros" despersonaliza el problema y desvía la atención de
soluciones estructurales que realmente podrían mejorar la seguridad, como
políticas más inclusivas y una mejor asignación de recursos para el control del
crimen.
Apuntar a los migrantes
puede ser políticamente conveniente, pero en última instancia es divisorio y no
aborda la raíz del problema de la delincuencia en Perú.
Por otro lado, en un
contexto de globalización, tanto el arte como el turismo se perfilan como
sectores estratégicos para posicionar la identidad peruana en el extranjero sin
perder su esencia local. Desde los artesanos hasta los guías turísticos, se debe
trabajar en la capacitación y promoción de experiencias auténticas que puedan
cautivar al visitante internacional.
Para que el arte y el
turismo peruanos logren su máximo potencial, es fundamental apostar por un
enfoque que integre las tradiciones culturales locales con un atractivo
universal. Perú, con su vasta riqueza cultural, puede aprovechar esta
oportunidad para ofrecer experiencias únicas que refuercen su imagen en el
exterior y fortalezcan su economía interna.
En resumen, el manejo
adecuado de recursos, la superación de prejuicios y el aprovechamiento de las
oportunidades globales son temas críticos que, si se abordan correctamente,
pueden contribuir a construir un Perú más justo, próspero y con un mayor sentido
de identidad.
La política en Perú es como esa serie que siempre promete
una temporada mejor, pero cuando la ves, te das cuenta de que los protagonistas
siguen en las mismas. Esta semana, lo nacional no fue la excepción:
mientras las cabezas del gobierno celebran capturas de
criminales que resultaron siendo un papelón monumental“, el Congreso se enreda
en discusiones eternas sin sacar adelante una ley decente contra el crimen
organizado. Pero claro, ¿qué más podemos esperar? En un país donde las promesas
son casi un deporte nacional, parece que la eficiencia quedó de vacaciones.
Y por si fuera poco, los transportistas, hartos de tantas
vueltas y ninguna solución, han adelantado su paro indefinido al 22 de octubre.
¿Qué reclaman? Lo de siempre: más seguridad, menos extorsión, y que alguien,
por amor a todos los santos, haga algo para parar el sicariato.
Aunque la convocatoria ya tiene una sombra: Antauro
Humala. Y no lo suponemos; digamos que el subconsciente traicionó a uno de los
dirigentes.
Porque claro, mientras el ministro Santibáñez sale cada
semana con un nuevo "logro" policial, la realidad es que en las
calles, la gente sigue asustada y la extorsión campa a sus anchas. Además, la
realidad parece ser que Santibáñez es una fuente de noticias tan confiable como
un billete de tres soles. No es que no se estén haciendo cosas, pero los
resultados, a simple vista, son invisibles.
Y si bajamos a lo local, la cosa no mejora mucho. En
Sullana, la inseguridad tiene de rodillas a los comerciantes, que ya no saben
si cerrar temprano o poner un cartelito que diga "No tenemos plata, no
insista".
Mientras tanto, los agricultores en Tambogrande siguen en
su lucha contra la minería. ¡Cómo olvidar aquel referéndum del 2002, donde el
98.8% votó "No" a las minas! Pero, ¿qué ha pasado desde entonces? Promesas
y más promesas, y los mismos políticos de siempre queriendo darle la vuelta a
una decisión que la gente dejó clara.
Lo triste es que, entre tanto tira y afloja, el
movimiento social va perdiendo aire, como un globo que alguien dejó a medio
inflar. Pero aquí viene el giro inesperado: en medio de todo este caos, la
lección es clara. No podemos esperar que desde esas oficinas con aire
acondicionado nos vengan a resolver la vida. No. El cambio real, ese que
importa, lo hacemos nosotros desde abajo.
Así que, mientras el Congreso sigue discutiendo y los
transportistas preparan sus pancartas,
lo único que queda es no perder de vista lo importante. Al
final, no son las promesas las que cambian las cosas, sino la capacidad de cada
uno de nosotros de luchar por lo que nos pertenece.
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Este lunes
11 reporté sobre 500 colegios públicos en todo el departamento de Piura que se
han quedado sin luz, sin agua, o sin ambos servicios. Según la Dirección
regional de Educación, la causa es una deuda de 13 millones de soles o casi
tres millones y medio de dólares.
Uno de
los entretelones de la investigación fue el acceso a datos. A pesar de mi
insistencia con las autoridades oficiales, casi no he recibido respuestas, o por
último ni siquiera me respondieron.
Como
dijo al aire mi compañera Anuska Buenaluque, no hay peor poco aprecio que el
desprecio. El problema es que no es un desprecio hacia mí: parte de nuestro
entrenamiento como periodistas consiste en no tomarnos como personal cuando una
fuente suele decir que no; el desprecio es con el público, y vamos a insistir
en la razón nuevamente.
Un
funcionario público, si bien recibe la confianza de un superior, y recibe un
sueldo autorizado por este superior, nunca debe olvidar que ese sueldo no sale
de una fuente privada. Su sueldo sale del tesoro público, que se alimenta por
las contribuciones mayormente involountarias que hacemos todos y todas quienes
vivimos en territorio peruano.
En consecuencia,
por esta razón básica, todo funcionario público debe rendir cuentas a quienes
realmente pagan su sueldo. O sea, la ciudadanía.
Aunque
puede hacerlo directamente mediante las redes sociales, debe entender que
siempre habrá puntos poco claros, o puntos que necesitan mayor explicación. Por
lo mismo, cuando los periodistas nos acercamos a indagar en esos aspectos, no
necesariamente lo hacemos por molestar; lo hacemos porque queremos darle la oportunidad
a ese funcionario público a que aclare cualquier duda, a que se asegure que no habrá
malentendidos.
Pero, si
un funcionario no responde o se niega a responder, o peor aún, responde de mala
manera, se hace responsable de su propia tormenta.
Y esto
nos lleva al caso de nuestro colega Rodrigo Vargas, quien está pidiendo
garantías para su vida, precisamente porque un funcionario público no solo
respondió mal. Según los audios que tenemos en archivo, lo amenazó con una
agresión. Escucha
aquí.
En este
punto, podríamos estar o no estar de acuerdo con lo que digamos al aire o en nuestras
redes sociales: la opinión es muy personal, a diferencia del hecho que siempre
será el hecho.
Pero, si
siente que le estamos vulnerando con nuestros comentarios, usted tiene
herramientas legales mediante las que nos puede reclamar. En este punto
conviene que nos eduquemos sobre lo que son calumnia, injuria o difamación.
Pero,
tomarse la justicia por sus manos no es la mejor opción, porque usted creerá
que ha establecido posición; sin embargo,legalmente ha victimizado a un
periodista, no por el hecho de que sea periodista, sino porque ante todo es un
ciudadano con los mismos derechos y deberes que usted.
Por supuesto,
esto no nos coloca a los y las periodistas en un pedestal inalcanzable. Al
contrario. Nos pone sobre nuestros hombros una mayor responsabilidad, porque de
nuestro trabajo va a depender el bienestar de miles, o tal vez millones de
vidas. O quizás todo un planeta.
el periodismo,
entonces, termina siendo un deber antes que un derecho; pero, al menos en mi
caso, es un hermoso deber del que me siento orgulloso cada día y cada vez que puedo
informar.
A estas alturas de la vida, para nadie debe ser un secreto que el truco mediante el que podemos presentar noticias mirando a la cámara como si fuese aprendido de memoria, o improvisado de momento, se debe a un viejo artilugio llamado prompter, teleprompter, cue o apuntador.
Se trata de una ayuda visual o sonora colocada discretamente dentro del mismo tiro de cámara de tal manera que el presentador o la presentadora dé la sensación de que le está hablando directamente a ella sin tener un papel escrito como respaldo.
El apuntador óptico se inventó en 1950. Básicamente es un cristal polarizado cuya parte transparente se monta del lado de la lente y el lado reflector se orienta al talento. El cristal debe estar en un ángulo de 45 grados, de tal manera que refleje un texto proyectado en una pantalla que se coloca justo en perpendicular a la lente de la cámara. El texto debe estar dispuesto al revés, como si lo viéramos en un espejo. El talento puede mover el texto con una perilla manual o un pedal para regular la velocidad o detenerlo.
El apuntador auditivo es menos sofisticado. Consiste en colocarse un auricular en la oreja mediante el que se oye el libreto y se repite verbalizando. El texto puede ser leído por un operador humano o por un programa de generación de voz. Si es lo segundo, el talento puede controlar el avance del texto mediante un control manual. El truco está en que el volumen del auricular no sea audible por el micrófono o por la cámara, y que este auricular esté oculto en el cuadro aunque realmente está ahí (si el talento mueve la cabeza innecesariamente, sí se nota).
La discusión que ha surgido en mucha gente que hace televisión, especialmente la periodística, no está en cuál de los dos es mejor (respuesta: ambos), sino en si debe usarse o no. La controversia estriba en saber si el texto leído o recitado ha sido escrito por el propio talento, consensuado con el propio talento o escrito por un tercero.
En las grandes organizaciones de noticias por televisión, en realidad, hay de los tres. Muchos talentos escriben sus propios textos, adecuados a su modo de hablar o fraseo, de tal forma que al leerlo suenen naturales, como si se dijeran de memoria. Pero también hay los que se consensúan en las juntas editoriales o los que prepara un redactor.
Si se trata de un presentador independiente o solitario, como es mi caso al momento de escribir estas líneas, lo ideal es que se trate de un texto que yo mismo escribí. Como es mi caso, repito.
Quienes usamos un prompter, lo hacemos porque muchas veces compartimos datos y no queremos confiar en la imprecisión de nuestras memorias. Entonces, al estar escrito, evitamos caer en errores. en mi caso, me es útil para las cifras.
Además lo usamos para no extendernos en el tiempo: si no tienes un productor que te controle o un reloj delante de ti, la redacción de tu texto ya tiene una extensión determinada en minutos o segundos (nunca en horas, por favor); entonces, puedes decir lo que tienes que decir sin estar corriendo contra ti mismo o misma porque sobra o falta tiempo.
Si ésa es tu situación, creo que es válido usar el prompter. Pero, si es usado para que un tercero te imponga qué decir aunque no estés de acuerdo, entonces sí abrimos una discusión ética: ¿realmente me acomoda ser una cabeza parlante? Ojo que los talentos creados por inteligencia artificial pueden hacer exactamente lo mismo, pero tienen una desventaja: no tienen la última palabra sobre si algo es editorialmente relevante para la audiencia, ni siquiera usando un buen algoritmo.
Lo que no me parece válido en esta discusión es culpar al prompter. Es solo un aparato, o un artilugio. No hace otra cosa que servir a los intereses de cualquier ser humano. Ahora bien, ¿cuáles son esos intereses? Ahí está la madre del cordero. Conversemos.
Two global trends seem to threaten jobs as we currently know. First, many companies are cutting positions due to a post-pandemic economic crisis. Second, artificial intelligence is replacing several positions. Seen like this, both things seem to be related each other.
Many specialists already have warned five years ago, this was going to happen. Many Jobs involving to mechanize operations are automating, without a return way. And this was not just breaking.
We are around three decades telling this same story. For example, my TV camera. As many newsrooms, robots are actually in charge of the technical part. Then, how are you going to replace your job?
My first insight is the technology helps your daily work. It doesn’t replace your work in general. In other words, while we don’t order, machines don’t do anything. That moves our job at a creative level.
That means to have a more analytic thinking with a competitive advantage over any machine: Our skill to create emotions.
At the moment, machines are not able to make it so. As some followers commented me, entrepreneurship is a good choice. Specialists advise not to do it individually. They recommend to build value chains which every entrepreneur is specialized in every phase of any process. The rest consists in promoting yourself as a tandem.
Of course, if you don’t know how to pitch what you do very well, nobody will convince you are the best choice. It’s time to talk. Follow me on the social media as @nelsonsullana.
el 23 de agosto de 2023, la presidenta del Perú, Dina Boluarte, se reunió con algunos agricultores en Chulucanas, Piura, para escuchar sus necesidades. Los campesinos se concentraron en dos: mejor infraestructura de riego y de conectividad vial, y mayor flexibilidad financiera para que puedan vender sus cosechas.
Lo primero es algo de nunca acabar. en un país donde no se privilegia el mantenimiento preventivo de nada, la posibilidad de que cualquier cosa se deteriore es alta no tanto por el continuo uso, ya que al fin y al cabo para eso se construyó, sino porque no se revisa y se repara donde se necesite antes que el daño sea peor.
Lo segundo tiene que ver con una página que muchos campesinos se resisten a voltear.
Tras la Reforma Agraria de 1968, muchos se quedaron acostumbrados a que el gobierno les lance salvavidas una vez sí y otra también generando una fuerte dependencia de que, si la campaña agrícola es mala, el dinero de los contribuyentes sea el comodín de primera mano.
Si se tratase de una situación de emergencia, se entendería la urgencia; pero ya se ha convertido en una costumbre que solo se entiende si nos remontamos en la historia y nos concentramos en el momento en que el general Juan Velasco Alvarado decidió romper el orden constitucional del Perú mediante un golpe de estado, y para conseguir un rápido respaldo, expropió las haciendas (además de gran parte de la propiedad privada peruana) bajo la doctrina de la lucha de clases.
Velasco, embebido de toda la filosofía socialista propagada por la entonces Unión Soviética y Cuba, interpretó que la gente rica y los capitales transnacionales de origen capitalista (en realidad, estadounidense) solo servían para abusar de los trabajadores.
De hecho que sí hubo esos abusos, acuñados en gran parte por una marcada desigualdad en el acceso a la educación; pero tampoco la revolución de Velasco hizo mayor esfuerzo por venderle al campesinado de que, a continuación del enunciado de que "el patrón nunca más comerá de tu esfuerzo", dotar herramientas para que esos campesinos tuvieran asistencia técnica de constante actualización lo mismo que todo un sistema educativo financiero que les convierta de labriegos a empresarios rurales.
El modelo sí demostró ser exitoso. Durante los 1960s, en el valle de San Lorenzo, entre los actuales distritos de Las Lomas y Tambogrande, justo al norte de Chulucanas, el sistema de educación mercantil aplicado en escuelas rurales formó toda una generación de emprendedores campesinos que, eventualmente, dieron el primer brochazo de prosperidad a un proyecto que transformó terrales y bosque seco en un emporio agroexportador.
Pero, finalizando esa década, Velasco vino a cambiar el chip, y todo lo que se había avanzado se mandó al traste.
En consecuencia, muchos de esos campesinos descubrieron que podían ganar más trabajando menos. Por lo tanto, las tierras se volvieron improductivas, la maquinaria que Velasco donó se echó a perder, y el campo se empobreció.
Quienes no se dejaron encantar con el discurso socialista, profesionalizaron a sus hijos y ellos lograron mantener a flote el modelo agroexportador desde la década de 1980 en adelante.
La generación de profesionales campesinos entendió que debía convertirse en empresaria, y ahora ha logrado sostener el negocio a pesar de los cambios, incluyendo el climático. Y toda su filosofía se redujo a invertir, analizar, ganar, reinvertir e innovar.
El caso es que esos son apenas una minoría, y ha sido complicado que el resto, aún con el chip de la dependencia gubernamental, se haya dejado convencer de que ése es el mejor camino para tener un campo rentable y moderno.
Dicho sea de paso, el agricultor piurano se queja de que el intermediario termina lucrando a costa suya, pero no dice que el intermediario se enriquece porque el agricultor tampoco controla la cadena productiva. Ni siquiera tiene idea de cómo es la persona que compra lo que produce en esos mercados allende los mares.
Si hace más de medio siglo la educación rural mercantil demostró que podía generar independencia económica, ¿por qué no se ha apostado más activamente considerando que hoy la propia tecnología facilita las cosas?
La verdadera revolución del campo será incrementar la competitividad con los campesinos controlando toda la cadena de valor, apoyándose en herramientas tan de boga como la inteligencia artificial, tal como se hace en cualquier mercado a nivel global. Sí se puede; la cosa es que se quiera. Ése es el pequeño gran salto que falta dar.