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jueves, 1 de enero de 2026

Chulucanas y el agua potable: cuando el reclamo legítimo choca con la política y la ley


El acceso al agua potable en Chulucanas se ha convertido, una vez más, en el centro del debate público. A fines de diciembre de 2025, una movilización ciudadana —respaldada y difundida por la Municipalidad Provincial de Morropón-Chulucanas— volvió a poner sobre la mesa una problemática estructural que arrastra años: un servicio deficiente, infraestructura deteriorada y una población cansada de pagar por un suministro irregular.

 

La discusión, sin embargo, no se limita a la calidad del agua. También involucra decisiones políticas, límites legales y el rol de las autoridades en un contexto especialmente sensible.

 

Una problemática real y documentada

Durante 2024 y 2025, el servicio de agua potable en Chulucanas ha registrado fallas recurrentes. Entre las más reportadas se encuentran la rotura de tuberías, cortes prolongados, baja presión y reparaciones que resultan temporales. La causa principal no es un evento aislado, sino una red antigua, con mantenimiento insuficiente y sin una renovación integral acorde al crecimiento urbano.

 

Estas fallas no solo afectan la continuidad del servicio. También generan pérdidas de agua, incrementan el riesgo sanitario y profundizan la percepción de inequidad: los recibos llegan puntualmente, pero el agua no siempre.

 

Ese es el punto de partida del malestar ciudadano. El reclamo, en ese sentido, es legítimo.

 


La marcha por el agua y el mensaje político

El 30 de diciembre de 2025, miles de ciudadanos marcharon en Chulucanas exigiendo mejoras al servicio brindado por EPS Grau. La movilización fue difundida oficialmente por la municipalidad, que además incorporó un mensaje de advertencia: si en un plazo de dos meses no se observaban mejoras concretas, los usuarios dejarían de pagar los recibos.

 

El mensaje tuvo impacto inmediato. No solo amplificó el reclamo, sino que colocó a la autoridad municipal como vocera directa de una posible medida de presión ciudadana. Aquí es donde el debate se desplaza del diagnóstico —en gran parte compartido— hacia la viabilidad de la propuesta.

 

¿Es una buena idea dejar de pagar el servicio?

Desde el punto de vista legal y regulatorio, la respuesta es clara: no.

 

En el Perú, el servicio de agua potable es un derecho fundamental, pero se presta bajo un modelo tarifado y regulado. El incumplimiento en la calidad habilita reclamos, refacturaciones, fiscalización y sanciones al operador, pero no autoriza al usuario a suspender unilateralmente el pago.

 

Quienes dejen de pagar los recibos se exponen a cortes del servicio por morosidad, acumulación de deuda con recargos, pérdida de beneficios tarifarios y procesos de cobranza. En términos prácticos, la medida termina afectando más al usuario que a la empresa prestadora.

 

Además, si el no pago se generaliza, se reduce la capacidad operativa del sistema, agravando el mismo problema que se busca resolver. Es una salida emocionalmente comprensible, pero técnicamente contraproducente.

 


El rol del alcalde y sus límites

La convocatoria a la marcha y el respaldo explícito a la advertencia de no pago colocan al alcalde provincial, Richard Baca, en el centro del escenario. Desde el punto de vista político, la estrategia conecta con un reclamo popular real. Desde el punto de vista institucional, plantea serias preguntas.

 

Las municipalidades no tienen competencia para promover la suspensión de pagos a una empresa de saneamiento. Tampoco pueden sustituir al ente regulador ni ofrecer garantías legales a los usuarios frente a eventuales sanciones.

 

A ello se suma un factor que no puede ignorarse: durante 2025, el alcalde mantiene una agenda judicial abierta, con investigaciones fiscales en curso por presuntos delitos vinculados a su gestión (presunta colusión con proveedores) y a hechos previos (presunta vinculación al caso AELU Coop). Este contexto debilita su margen político y obliga a analizar sus acciones públicas con mayor cuidado, especialmente cuando se trata de liderar protestas y fijar plazos de presión.

 

Entre la necesidad y la responsabilidad

El problema del agua en Chulucanas no es un invento ni una exageración. Es estructural, técnico y urgente. Pero la solución no pasa por empujar a la población a una confrontación legal que no puede ganar sola.

 

Las salidas sostenibles pasan por planes de inversión con cronogramas públicos, fiscalización técnica independiente, presión institucional ante SUNASS, refacturaciones cuando corresponda y una gestión política que priorice soluciones de fondo sobre gestos de corto plazo.

 

Un tractor sobre hielo delgado

En Chulucanas, el agua potable es el síntoma visible de un problema mayor: infraestructura postergada, gestión deficiente y decisiones políticas que a veces confunden respaldo ciudadano

 con promesas inviables.

 

El reclamo es justo. La marcha es comprensible. Pero dejar de pagar no es una solución, y decirlo sin explicar las consecuencias es trasladar el costo del conflicto a quienes menos pueden asumirlo.

 

Cuando el agua falta, la indignación sobra. Lo que sigue faltando es una salida seria, técnica y legalmente responsable.

  

domingo, 16 de noviembre de 2025

🚱 Alerta en Chulucanas: baja desinfección del agua por cisterna


Foto por Contraloría General de la República.

1. ¿Qué ocurrió exactamente?

  • La Contraloría General de la República (CGR) reportó que el agua potable que distribuye la EPS Grau mediante camiones cisterna en Chulucanas tiene niveles de cloro muy bajos. En concreto, en una visita de control entre el 20 de agosto y el 21 de octubre de 2025, se midió un residual de 0.42 mg/L en muestras recogidas en el asentamiento Miguel Montenegro Castillo. Eso está por debajo del mínimo exigido por la normativa sanitaria. (Distrito.pe)
  • Según el Reglamento de la Calidad del Agua para Consumo Humano (y normas sanitarias para cisternas), el agua debe tener un residual de cloro de al menos 0.8 mg/L cuando se entrega a los usuarios. La desinfección es clave para evitar contaminaciones durante el transporte.
  • Además, la Contraloría detectó fallas organizativas: en el punto de abastecimiento no hay equipos permanentes para monitorear el cloro residual. Esa tarea la hace un contratista solo cuando reparte. Y hay un tema físico: las mangueras usadas en los camiones cisterna estaban expuestas al polvo y al sol, sin protección sanitaria, lo cual podría favorecer la contaminación.
  • La CGR ha pedido a EPS Grau tomar medidas urgentes para corregir todo esto.

2. ¿Por qué este hallazgo es preocupante?

  • Un nivel demasiado bajo de cloro residual implica que el agua podría no estar suficientemente desinfectada, lo que aumenta el riesgo de microorganismos patógenos (bacterias, virus) que podrían enfermar a quienes la consumen.
  • Las condiciones de transporte (mangueras sucias o mal protegidas) pueden facilitar la recontaminación del agua justo antes de llegar a los hogares.
  • Que no haya monitoreo constante (“no hay equipos permanentes”) sugiere falta de control por parte de la EPS. Si solo se mide cuando hay un reparto, podríamos estar ante un problema sistemático y no solo un descuido puntual.

3. ¿Hay antecedentes o contexto relevante?

Sí. Este problema no surge de la nada, se inserta en un patrón más amplio:

  • En Chulucanas ya hay quejas históricas por deficiencias en el servicio de agua potable. Según Cutivalú Piura, “ocho de cada 10 pobladores” tendrían serios problemas para recibir agua de calidad, y muchos dependen de cisternas porque no tienen acceso estable al servicio. (Cutivalú Piura)
  • También hubo interrupciones por fallas en la infraestructura: por ejemplo, en septiembre de 2025 la EPS Grau reportó una rotura en una línea de impulsión y suspendió temporalmente el suministro mientras se repara. (Correo)
  • A nivel institucional, existe un convenio interinstitucional firmado en 2021 entre la Municipalidad Provincial de Morropón-Chulucanas y la EPS Grau para que el agua llegue a las familias vulnerables vía cisternas. (Gobierno del Perú) Esto demuestra que parte del suministro por cisterna responde a un esfuerzo concertado para atender a quienes no tienen red fija, pero ahora la calidad de esa agua está en entredicho.

4. Contexto geográfico y demográfico de Chulucanas

Para entender mejor la magnitud del problema, conviene conocer algo del lugar:

  • Ubicación: Chulucanas es el distrito y la ciudad capital de la provincia de Morropón, en el departamento de Piura. Está a unos 58 km al este de la ciudad de Piura, y es la puerta a la parte alta de la cuenca del río Piura. (Indeci)
  • Altitud: Aproximadamente 92 metros sobre el nivel del mar. (Indeci)
  • Población: Según datos recientes, el distrito de Chulucanas tiene alrededor de 92 mil 419 habitantes. (Distrito.pe) Otra fuente, City-Facts, reporta cerca de 75 mil 792 personas para la ciudad, lo que da una densidad de población baja a moderada, cerca de 87,9 hab/km². (Datos Ciudad)
  • Economía y cultura: En la zona predominan actividades agrícolas (limón, mango, maíz, cacao) y ganaderas. También es conocida por la cerámica tradicional, un aspecto cultural importante. (Gobierno del Perú)
  • Historia: La provincia de Morropón (con Chulucanas como capital) fue creada en 1937. (Gobierno del Perú)

5. Análisis e implicancias

  • Desigualdad en el acceso al agua: El hecho de que muchas familias dependan de camiones cisterna refleja un déficit en el suministro de agua por red fija. Esto ya es un problema estructural, y ahora se suma la preocupación por la calidad del agua que reciben.
  • Riesgo sanitario real: El bajo nivel de cloro es una falla crítica porque la desinfección es la primera barrera contra enfermedades transmitidas por el agua. Si no se corrige, podrían generarse brotes o enfermedades gastrointestinales, especialmente en poblaciones vulnerables.
  • Descontrol en la gestión: La falta de equipos permanentes para analizar el cloro sugiere una gestión poco profesional o con recursos insuficientes. Depender de contratistas para medir es peligroso si no hay supervisión continua.
  • Responsabilidad institucional: EPS Grau y las autoridades locales están implicadas directamente: deben responder no solo por el reparto del agua, sino también por su calidad. Dado el convenio existente, la municipalidad también tiene un rol clave.
  • Transparencia y participación ciudadana: El informe de la Contraloría está disponible públicamente, lo que abre espacio para la presión ciudadana. Las organizaciones vecinales pueden demandar monitoreo, seguimiento y soluciones estructurales.

6. Recomendaciones (para mis seguidores o para las autoridades)

Para que esta situación no quede en una advertencia más, estas podrían ser algunas rutas de acción:

  1. Monitoreo sistemático: Que EPS Grau instale equipos permanentes para medir el cloro residual en los pozos y antes de que el agua salga de los camiones cisterna.
  2. Mejora de la logística de distribución: Proteger las mangueras y tanques de cisterna para evitar contaminación posterior al tratamiento.
  3. Inversión pública: Reforzar la red de agua potable para reducir la dependencia de cisternas, especialmente en zonas vulnerables.
  4. Transparencia: Publicar los resultados de calidad del agua periódicamente para que la población sepa si el agua es segura.
  5. Participación comunitaria: Fomentar que las comunidades formen comités de vigilancia del agua, para reportar deficiencias y exigir soluciones.

El alerta de la Contraloría revela un problema más profundo de gestión hídrica en Chulucanas: no basta con llevar agua a las familias si esa agua no está garantizada como segura para su consumo. Dado el contexto socioeconómico y la historia de deficiencias en el servicio, es fundamental que las autoridades den una respuesta estructural. Esta no es solo una falla técnica, sino una cuestión de salud pública y derecho humano al agua.